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Orgullo y Prejuicio – Jane Austen

Orgullo-PrejuicioEn el mismo año que San Sebastián se incendiaba, Jean Austen escribía la que es considerada como su novela más conseguida. Su frase inicial es tan famosa en el mundo anglosajón como la de El Quijote en el hispanoamericano:

“It is a truth universal acknowledged, that a single man in possession of a good fortune must be in want of a wife “/ “Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero poseedor de una gran fortuna necesita una esposa”.

A partir de ahí conocemos a los Benneth, un matrimonio de inteligencia desigual con cinco hijas solteras a la espera de pretendiente. En una época donde se estilan las uniones por conveniencia, Elizabeth y Jane desean encontrar al hombre adecuado en virtud de sus sentimientos. Durante unas vacaciones de verano Elizabeth, inteligente y sarcástica, conoce a Darcy, un joven que le produce la peor de las impresiones. A lo largo de los meses posteriores se sucederán diversos encuentros entre ambos hasta el punto de que sus impresiones iniciales irán variando hasta el inevitable final. La trama está repleta de numerosos equívocos entre Elizabeth y Darcy, y malentendidos entre Jane y Charles Bingley, enamorados el uno del otro sin que ninguno de los dos lo sepa. No es casual que sea una de las novelas que establecieron las reglas de la comedia romántica.

Destaca la capacidad de Jane Austen para caracterizar a sus personajes con un par de pinceladas. Memorables son William Collins, un clérigo fatuo y obtuso que tiene los mejores momentos cómicos, la señora Bennett, obsesionada con casar a sus hijas con cualquiera que tenga apariencia de ricachón o el señor Bennet, el padre de la familia, que siente mayor afecto por uno solo de los libros de su biblioteca que por su mujer. Austen también dialoga con mucho ingenuo y tiene la capacidad de absorber la atención del lector sin necesidad de recurrir a tramas rocambolescas o a grandes giros argumentales.

Me ha gustado tanto que muy pronto caerá “Sentido y sensibilidad”. O quizá “Orgullo y prejuicio y zombis”, cuya frase inicial no desmerece de la original: “Es una verdad universalmente reconocida que un zombi que tiene cerebro necesita más cerebros”.

Actualización: Me ha comentado una buena amiga, otra gran “Elizabeth”, que existe una miniserie de la  BBC que adaptó la novela en cuatro episodios, y debe de ser excelente. De hecho, creo que existe alguna edición actualmente en venta que incluye libro y DVD. Ahí va una idea de regalo.

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Los sufrimientos del joven Werther – Goethe

Conocida también como “El Werther”, esta novela epistolar fue un éxito editorial y social en el siglo XVIII:  muchos de sus lectores se vestían igual que el protagonista y terminaban imitándole hasta las últimas consecuencias. Werther se convirtió en una especie de Justin Bieber dieciochesco. Como se puede constatar, los gilipollas y el fenómeno fan no son exclusivos de nuestra época.

Werther, un joven artista de procedencia burguesa, cuenta en las cartas a su amigo Wilhem -Guillermo en la traducción- sus vivencias en Wahlheim un entorno rural a sus ojos idílico. Para su dicha en un principio conoce a una chica de la que según le advierten, no debe enamorarse puesto que ya está prometida a un hombre.  Pero no puede evitarlo: en cuanto traba relación con Charlotte – Carlota en la traducción, qué puta manía la de castellanizar los nombres- se enamora sin posibilidad de vuelta a atrás. El amor deriva en obsesión. Sabe que su relación es imposible pero a la vez no deja de preguntarse qué pasaría si le declarara su amor.

Decide alejarse voluntariamente de Charlotte y su Albert, al que Werther envidia a la vez que respeta, y acepta un trabajo en la ciudad como asistente de un ministro. En contraste con el campo, la urbe es descrita por Werther como un entorno hostil, donde la aristocracia le desprecia abiertamente debido a sus vínculos con la burguesía comercial.

Tras la penosa experiencia laboral, retorna a Wahlheim y constata que Charlote y Albert ya son marido y mujer. En esta segunda visita el campo ya no es ese Edén que descubrió en un principio, sino un territorio enfermo y miserable. Werther visita al matrimonio con frecuencia y su pasión sigue intacta. Charlotte es consciente de sus sentimientos pero le aclara que no es ni será más que un buen amigo para ella. Esto determinará la decisión última de Werther.

Es un poco infumable el tramo final de la obra donde se transcriben pasajes de la obra de Ossian -el seudónimo de James Macpherson, que trató de hacer pasar sus composiciones por antiguos poemas céltico- que tanto admirada Goethe.  El autor alemán lo hace quizá para acentuar el dramatismo de los actos de Werther pero a los ojos de un lector de hoy, son sólo páginas de un romanticismo trasnochado.

Junto con “Fausto”, “Los sufrimientos del joven Werther” es la obra más popular de Johann Wolfgang Goethe, el gran escritor alemán. La concibió en 1774 y revisó en 1787 para introducir múltiples alteraciones al original, como humanizar el personaje de Albert. El argumento está basado en su propia biografía, ya que el autor se enamoró con locura de una tal Charlotte, que estaba ya prometida. Vamos, que no se molestó en ocultar el nombre.

Como curiosidad, España fue uno de los últimos países europeos en tener una traducción de la obra y hasta 1802 nadie pudo leer ninguna versión en castellano. A lo mejor el ministro de cultura en tiempos del Werther era un tal Wert…

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Otra vuelta de tuerca – Henry James

Hoy escribo sobre una novela con camuflaje; un artefacto literario disfrazado de historia gótica de fantasmas. Henry James decide explorar las posibilidades intrínsecas a la palabra escrita y al género novelesco. Más adelante lo explico mejor.

“Otra vuelta de tuerca” tiene un prólogo protagonizado por unos aburridos aristócratas que se divierten contando cuentos fantasmagóricos. Uno de ellos decide hacer partícipe al resto de una terrorífica historia real (mucho antes de Antena 3 ya había quien usaba este reclamo), que le sucedió a una institutriz que le cuidó en su juventud. La particularidad es que la narración la constituye la lectura del manuscrito que la institutriz escribió. Por lo tanto, el punto de vista de la novela es el de la institutriz. Todo lo que sabremos exclusivamente a partir de su testimonio escrito, dato relevante para comprender la importancia de la novela en el contexto de la historia universal de la literatura.

La institutriz, nos cuenta, es contratada por un bon vivant londinense cuando era joven e inexperta.  Este hombre, del que se enamora , le encarga instalarse en una solitaria mansión situada en un bosque para educar a sus sobrinos, dos niños huérfanos llamados Flora y Miles. La institutriz se instala en la casa y conoce a todos los inquilinos, incluyendo a la que será su confidente, la señora Grose (una mujer bastante sencilla y corta de entendederas).

Los niños le parecen adorables y no entiende por qué Miles ha sido expulsado del colegio en el que estudiaba. Todo transcurre con normalidad hasta que la institutriz ve en uno de los torreones a de la mansión una figura solitaria. No tarda en deducir que se trata del espíritu de un hombre. Se le vuelve a aparecer, al igual que otro espectro, éste en forma de mujer. De una conversación con la señora Grose deduce que ambos son los fantasmas de dos antiguos habitantes de la morada, Quint y la señora Jessel,  mayordomo e institutriz predecesora respectivamente. Ambos eran aviesos en vida y ejercían una mala influencia sobre los niños. Fallecieron en sendos accidentes. La protagonista cree que se están apareciendo para revitalizar su influencia maligna en los niños y llevarlos por la senda del mal. No se atreve a hablar con ellos directamente acerca de los espectros ni con nadie más.

Pero hay un momento revelador, en el tercio final del libro, en que la niña, la señora Grose y la protagonista están frente al fantasma de la señora Jessel y ninguna parece verla. La institutriz insiste, “está ahí, está ahí”, pero la respuesta de las otras es negativa. Aquí tenemos el punto clave para pensar que toda la historia es un proceso de degeneración mental de la protagonista; que los fantasmas no son sino producto de la imaginación de la protagonista, algo que ella niega en todo momento.  James ha lanzado previamente pistas en esta dirección: es hija de un pastor anglicano y podemos suponer una educación religiosa severa además de una enorme represión sexual).

El lector es quien debe recoger todas estas pistas y sacar sus propias conclusiones. La novela se puede leer como una historia de fantasmas pero tiene una lectura mucho más rica si vamos entresacando nuestras conclusiones.  Ésta no es una novela donde se da todo mascado. Casi ninguna de las grandes novelas de la historia lo dan.

Tengo la sensación de que “Otra vuelta de tuerca” no puede funcionar igual adaptada a otros medios (existen numerosas versiones televisivas y cinematográficas), puesto que su gran baza radica en su condición de testimonio escrito. En el momento en que traslademos la historia a celuloide y los fantasmas se aparezcan no sólo a la institutriz, sino también el espectador, perderá parte de la magia de las interpretaciones sobre la locura.

Hay una magnífica secuela en cómic, “La protectora”, escrita y dibujada por Keko que merece la pena abordar tras la lectura de la novela. Más información en Entrecomics.

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Antígona – Sófocles

Nueva tragedia de Sófocles, para mi gusto por debajo de las anteriormente reseñadas. Aunque la obra se titula “Antígona”, el verdadero protagonista es Creonte, rey de Tebas.

Tras la muerte de Edipo, anterior monarca tebano, se desata una lucha sucesoria entre dos de sus hijos: Eteocles y Polinices, que se alía con el ejército de Argos para hacerse con el trono. Ambos mueren en lucha fraticida y Creonte, tío de los contendientes, hereda el poder. Su primera decisión es enterrar a Eteocles con todo los honores y, por el contrario, dejar que el cadáver de Polinices, debido a su traición, sea pasto de perros y aves de rapiña. Prohíbe so pena de muerte que nadie le dé sepultura. Sin embargo, Antígona, hermana del malogrado, desoye el edicto de su tío. Ella se defiende de las acusaciones de Creonte, puesto que lo único que ha hecho es enterrar a un hermano, con independencia de los actos que cometiera en vida. “No nací para compartir el odio, sino el amor”, dice Antígona poco antes de que Creonte la recluya en una caverna para que muera de inanición.

La soberbia (uno de los temas preferidos de Sófocles) de Creonte le hace ignorar las recomendacios del Corifeo y de su hijo Hemón, prometido de Antígona, y no es hasta que interviene el adivino Tiresias, que siempre aparece para transmitir malos augurios, que Creonte decide dar marcha atrás a su propósito. Pero es demasiado tarde. Antígona se ha ahorcado en la caverna. Al encontrarla, su hijo Hemón se clava una espada y muere, y cuando se entera de la desgracia la madre de Hemón y esposa de Creonte, Eurídice, también decide suicidarse. La concatenación de muertes es, pues, consecuencia directa de la soberbia de Creonte.

La intención moralizante de Sófocles es evidente. Según Tiresias no es del gusto de los dioses que se castigue a una mujer por querer enterrar a un hermano y evitar que sea consumido por alimañas. Y contra el designio de los dioses, poco se puede hacer.

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Elogio al cipote (Lisístrata – Aristófanes)

Aristófanes es un comediógrafo griego contemporáneo de Eurípides y Sófocles.  Y hay que decirlo: es un autor bastante guarrete, tal y como he podido comprobar. Sería una especie de Mariano Ozores de la Antigua Grecia, con chistes recurrentes sobre penes, vaginas y fornicio en general. Sorprenden los diálogos picantones como:

– “No hay amante ni marido que se me acerque en erección”.

“(…) terrible es también lo que nos pasa, si la gente ha visto que nos hemos masturbado”.

– “Sólo quiero joder”.

El argumento de “Lisístrata” parte de una premisa muy divertida: para frenar las continuas guerras entre atenienses, espartanos, laconios y demás polis griegas, Lisístrata propone a las mujeres de todos los bandos contendientes que se abstengan de mantener relaciones sexuales con sus maridos hasta que no se decrete  la paz.  “Debemos abstenernos del cipote”, afirma Lisístrata. Al principio la mayoría son reticentes: “Otra cosa, cualquier cosa que quieras. Incluso, si hace falta, estoy dispuesta a andar por fuego. Eso antes que el cipote, que no hay nada comparable, Lisístrata, guapa”. Hay determinados momentos en que se pronuncian frases incómodas para el lector actual, como cuando preguntan a Lisístrata qué pasa si se niegan y el marido las pega.

Finalmente Lisístrata consigue que todas pronuncien un divertido juramento en el que  se compromenten a realizar la huelga sexual. Seguidamente se encierran en la Acrópolis, donde se guardaba el tesoro ateniense, para evitar que los hombres  sigan financiando la guerra. Hay una escena muy graciosa en la que uno de los maridos, Cinesias, va a buscar a su mujer, Mírrina, totalmente cachondo. La conversación transcurre así:

CINESIAS: Mirrinita, encanto, ¿por qué haces eso? Baja aquí.
MÍRRINA: No, por Zeus, yo ahí no bajo. (…) Me marcho.
CINESIAS: No, no. Escucha por lo menos al niño. (al NIÑO) Tú, ¿no llamas a mamaíta?
NIÑO: Mamaíta, mamaíta, mamaíta.
CINESIAS. (A MÍRRINA.) Tú, ¿qué sientes? ¿Ni siquiera vas a tener lástima del niño que lleva sin lavar ni mamar seis días?
MÍRRINA: Sí me da lástima, que tiene un padre bien descuidado.
CINESIAS. Dichosa mujer, baja, por el niño. (…). (Para sí.) La encuentro mucho más joven y de mirada más tierna. Sus enfados hacia mí y sus humos, eso mismo es lo que me tiene destrozado de deseo.

Después de varias idas y venidas de Mírrina, el acto no se consuma para desesperación de Cinesias.

Ante esta situación los contendientes acceden a negociar las condiciones de la paz intentando ocultar la erección que tienen bajo la túnica.

Con bastante ironía se alude a la consideración “cariñosa” que se tenía de la mujer por aquella época. Bebedoras, arteras, de poco fiar… Sin embargo, bajo el liderazgo de Lisístrata, consiguen vencer a los ejércitos griegos sin derramar una gota de sangre. El triunfo del ingenio femenino frente al belicismo de los varones.

Varios siglos después el guionista y dibujante alemán Ralf König realizó una versión de “Lisístrata” en la que introdujo una divertida vuelta de tuerca: los guerreros, ante la huelga sexual emprendida por sus mujeres, empiezan a practicar la homosexualidad. En la obra original ya se apunta algo de eso, cuando uno de los griegos comenta que la única salida sería cepillarse al afeminado de la comunidad.

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Fiesta – Ernest Hemingway

“The sun also rises”, se titula la novela en su lengua original, aunque Hemingway barajó en un primer momento el título “Fiesta” y lo descartó por miedo a que contibuyera que la crítica tachara la novela de insustancial. Esta es la famosa obra de la que aún viven Pamplona y los Sanfermines. San Sebastián también debería ponderar su conexión con Hemingway, puesto que no son pocas las menciones de la capital guipuzcoana a lo largo de la novela y en su tramo final, el protagonista alaba la singularidad del marco incomparable. Se baña en La Concha y visita el Café Marinas, ya desaparecido, que se ubicaba en la esquina entre las calles Garibay y Andia.

En “Fiesta” Hemingway empezó a desarrollar su teoría del iceberg, donde lo más importante no es lo que se está contando sino lo que está debajo, el subtexto. En la superficie de la novela se nos muestra a un grupo de estadounidenses expatriados en París que disfrutan de una vida disoluta tras  la Primera Guerra Mundial. Jake Barnes es un periodista que participó en la guerra y que está enamorado de Brett, la enfermera que le atendió tras ser herido en combate. Con ella, su prometido Mike y un grupo de bon vivants americanos, Jake viaja a Pamplona para disfrutar de las fiestas y los encierros. En apariencia la novela podría parecer una oda al hedonismo, una versión navarra de “Resacón en Las Vegas”. Pero no.

Debajo de los litros de alcohol del texto se sugiere que Jake, debido a la herida de guerra por la que le atendió Brett, quedó sexualmente impotente de por vida.  Aunque ambos se quieren, Brett es incapaz de ser fiel a Jake ni a nadie y se enamora y mantiene relaciones según le viene en gana. Jake está condenado a ser como los cabestros que ayudan a atemperar el carácter del toro mientraslo único que reciben a cambio son cornadas y muerte. Es muy interesante la relación que Jake establece con el personaje de Robert Cohn, un escritor pusilánime también enamorado de Brett. Consigue acostarse con ella en San Sebastián y la sigue a Pamplona como un amante servil esperando un gesto de amor por parte de ella. Jake acaba odiando al que era su amigo porque quizá ve en Cohn un reflejo de lo que él mismo se ha convertido.

Uno de los principales problemas que a mi juicio tiene la novela es esa fascinación por  los Sanfermines y la descripción detallada de la fiesta taurina. Desde el punto de vista de un norteamericano puede ser exótico, pero a nosotros, acostumbrados a chupinazos y corredores inmersos en una semana etílica, la narración de estos episodios se nos puede antojar aburrida.

La edición a la que corresponde la foto incluye un prólogo de Juan Villoro contextualizando la novela y explicando la relación cuasiparasitaria entre Hemingway y otro grande de la época,  Francis Scott Fitzgerald.

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Las Coplas de Jorge Manrique

Cuando en BUP la profesora de literatura nos mandaba leer algún poeta clásico español me entraban unas irreprimibles ganas de clavarme el boli Bic en la yugular. Pasaba especialmente cuando había que hacer comentarios de texto sobre Góngora, que sublimaba como ninguno mis pretensiones suicidas. Por eso no sentí especial ilusión cuando tuvimos que estudiar a Jorge Manrique y sus coplas, que nada tenían que ver con las de Isabel Pantoja o Lola Flores, como algunos pensaron.

Gracias al ensayo “Literatura explicada a los asnos”, de José Ángel Mañas, que reivindica clásicos de la literatura española, he redescubierto las “Coplas a la muerte de su padre, el maestre don Rodrigo Manrique”, que es el nombre -poco comercial- con el que se conoce la opera magna de Jorge Manrique. ¡Y qué poema! Lo compuso tras el dolor causado por la pérdida de su progenitor y empieza así (esto lo cito de memoria para darme el pegote):

Recuerde el alma dormida
Avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida
cómo se viene la muerte
tan callando

Y la continuación la tengo que copiar:

cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado
da dolor,
cómo, a nuestro parecer
cualquier tiempo pasado
fue mejor.

Como dijo  Camacho hablando sobre la victoria de la Selección Española en el Mundial, “el que no se emocione con esto, es que no tiene sangre en las venas, jodé”.

Las coplas son cuarenta y se pueden establecer tres divisiones temáticas:

– Coplas I a XIII:  Es una exposición de la fugacidad de la vida. Nuestro mundo, nuestra vida no es nada, porque muy pronto pereceremos. Los placeres son efímeros y el futuro es hoy. No era un tema nuevo allá por el 1477, cuando las escribió, pero el desgarro con que lo transmite es genuino. Se nota que son versos compuestos desde las tripas.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;

– Coplas XIV a XXIV: Aquí Manrique evoca a reyes y personas ilustres del pasado, de qué poco sirven sus riquezas y señoríos porque nada de eso se van a llevar al otro mundo.

Las dávidas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan fabridas
los enriques y reales
del tesoro,
los jaezes, los caballos
de sus gentes y atavíos
tan sobrados
¿dónde iremos a buscarlos?;
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

Se retrotrae a tiempos de troyanos y romanos hasta rememorar a nobles castellanos que, por más que lucharon, ahora son alimento de  gusanos.

– Coplas XXV a XL: Es el fragmento más elegíaco de las Coplas. Evoca a su padre, el maestre Don Rodrigo Manrique, y glosa todas sus virtudes a tal punto que los versos adquieren tintes hagiográficos:

Amigo de sus amigos, (como los vascos)
¡qué señor para criados
y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforçados
y valientes!

Una lectura corta ideal para aquellos que, como a mí, tienen ciertos reparos hacia la poesía y absolutamente recomendable.